Para comprender el otro punto de vista, el del que dice algo que (me) parece rocambolescamente absurdo, hay que pensarlo más. A parte del consabido ponerse en el lugar del otro, verme en un intento por comprender a un neonazi, se me hace bastante difícil, a menos que saque de mí, dotes de actriz en un buceo profundo de Stanilavski con un plus de elástica visión.
Mirar más allá y mucho más .
Lo pienso y siento frío otra vez como en los momentos carentes de histrionismo.
Y cae del techo una pelusa rara.
Ja, si fuera (digamos que sí) el pelo de un extraterrestre, que podría confundirse con un ángel de la guarda, sería ma-ra-vi-llo-so.
Descontando el hecho (obvio) que el alienígena fuera como esos seres que aparecen en el film Inteligencia artificial cumpliéndole el deseo soñado al niño de piel y cerebro no humanos.
Aquel niño, personaje querido en secuencias profusas del aletazo sentimental toma un fragmento de esta zona y se va conmigo.
Los que construyen ficciones y situaciones a la manera de exploradores innatos deberíamos cruzarnos con más frecuencia. ¿Lo creen?.
Máquina subjetiva.
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La insatisfacción en sucesos de aparente simpleza puede ser peligrosa.
Autoaataque filoso en expansión (no te destruyas, piénsalo). Punto y cambio.