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03/06/2007

Sorpresas

Cuándo me hablan de sorpresas, pienso en la posibilidad de ver un fotograma gigante. Sí, no creas que te miento. Ahora que se me ha desmelenado la cabeza por el detritus mental, no tengo tiempo para mentir.

Mentir, agobia si no eres un ladino mentiroso. A parte de toda la enjundia moral, mentir significa poseer imaginación. Mas ya sabes que no tengo vocación para las mentiras domésticas, lo que nos hace buenos amigos, cómplices en los momentos más insólitos, tú sabes.

Hay una pausa como cuando usas
el control remoto y haces un alto en medio del zapping.

De toda la memoria comprimida en escenas dispersas, recuerdo aquella vez a la profesora Marcela, sujetándome los hombros para calmarme porque mi padre había muerto y ella, antes
me había anunciado una sorpresa. Nunca más supe cómo mirar a esa profesora en la clase. Las sorpresas son todas tan diferentes y parecidas, como en una tragicomedia.

No me gusta la palabra sorpresa, qué quieres que te diga. Es una palabra filtrada que tiro a la basura, sin delicadeza. La gente suele hablar de sorpresas y no de dinosaurios o musas.

Una musa con su vestido celeste en el fotograma gigante al lado del pacífico dinosaurio. Vegetariano, claro.




Mírale a los ojos al canalla que en tu oficina te hace trampas. No le des una sorpresa, no le des nada. O sí, dale tu mirada directa como un disparo en el aire.


Uno de estos días van a destruir la belleza de los juguetes. No quiero esa sorpresa, ahora que los juguetes se han cuarteado en la sala. El tractor amarillo de metal resiste y las canicas ruedan cuando las saco de su caja plateada. No hay sorpresas, lo que hay es música. Cocteau Twins en la tarde del domingo y la niebla que entra por la ventana.


Los avisos comerciales se oyen a tdod volumen, la vecina discute con su marido y la nena dice que se va a jugar con sus amigas. Tomates refinadamente enlatados para usted señor, y berenjenas, garbanzos, pizzas, tabaco, desodorantes, colonias, artefactos eléctricos. Nada de eso me sorprende, si no la risa de la musa bebé que llega por un camino de ondas parlantes y la tarde se oscurece mas eso no importa.

12/05/2007

Entre etiquetas y modelos (día de la madre)



Es la canción que querría cantar como si el mundo fuese pacífico y el día de las celebraciones fuera perfecto. Unos minutos de perfección pueden convertirse en un recuerdo solar. Lo pienso más y siento un pequeño escalofrío: la perfección es como una expresión de rigidez. Como una esfinge de belleza fría.

Como en un piélago sereno, la vista panorámica es perfecta e imperfecta por el efecto anímico.

Ah, de veraa que es espantoso pespuntear un sueño para darse cuenta al rato que es una pesadilla. Así que usted señora, señorita - esa precisión no importa realmente- arremolínese y espere la ventisca, o no espere nada, eso es lo que la alejará de las ilusiones fallidas, los paisajes románticos, los delirios estetas.

¿No te gusta el tono a poética salida de la noche otoñal? ah, me iré a acariciar el lomo de mi gato y a leer Las 37 baladas de la historia del progreso que escribió Hans Magnus Enzensberger, a tomar mi zumo de frutas, y a quedarme un rato en absoluto silencio.

Ya no fumo. Sólo tengo unas ganas bárbaras de pintar graffitis.

Soy una mamá rara.
Si hay algo que me molesta, es que mi niño no se entusiasme con la lectura. Algo sucede y no sé exactamente qué. Detesto esos videos juegos tan seductores para los chicos. Después no los detesto, me aliso el cabello, me pongo ridícula con mis descarnadas preocupaciones y pienso en
alguien.


*



A lee las historietas de Quino y Enrique Breccia.

Después de mis alarmistas impresiones maternas me averguenzo un poco.




*


Intempestivamente vuelvo a pensar en la androide de 2046 y escucho a Cocteau Twins. La atmósfera se torna angelical.



*


A duerme después de un agitado día con actuación, diálogos y canciones en inglés. Rifas de canastas, caminatas.

Yo sigo escuchando a Cocteau Twins y me reclino en el sofá concentrándome en la canción. Intento mentalizar mi sueño nocturno, en una prefiguración con colores diáfanos, donde la musa bebé esté presente, las ventanas mojadas por la lluvia, la voz de A, rostros queridos, olor a flores silvestres, el fotograma de una calle hermosa.
Y el sonido de un carrete de película, sonando como en los tiempos de Lumiére.

Soy una mamá entre millones, que se va a dormir mientras Elizabeth Fraser canta y la medianoche llega.