En crepúsculos a la hora de la sangría, descreemos
ese solo motivo a ti me acerca, risueño argonauta, que te miras las manos con las que te arrancas la imagen escribiendo
cuando abordas el tren en un subway beligerante y la noche te regala su aliento helado
te vacías de las metáforas básicas con el rodoviento en la cara
cuando persigues a los astros en la memoria y te bañas de soledad maldita
el océano de las palabras y la lascivia gloriosa se juntan en los argonautas
tú eres un argonauta atisbando a los conspiradores, tus amigos vagabundos, viajeros de la confusión y la sabiduría en días fílmicos a través de contraventanas y melodías oscuras
o en la paz de los soñadores impenitentes con sus oraciones paganas y sus conciertos barrocos
preparando el mural mental
hemisferio derecho, hemisferio izquierdo, neurosis jaqueada, y prados infinitos como enredaderas en la memoria
tú eres el argonauta que compone su canción caminando por las calles de la ciudad ruidosa
te enamoras de la muchacha transparente en su incordia y serenidad mezcladas
Los conspiradores te llaman porque la carnaza está lista
y no te atrae la reverberación de los comisarios
o la bomba sellada con saliva de carroñero
sino palpar el cuerpo dorado en el alba y comerse las imágenes una por una
el seno hermoso y el ojo en el ángulo imperfecto de la mirada
vestigios de indagaciones silvestres para tu ciencia
caleidoscopio destruido y fotografías opacas en homenaje a la niebla de tu tiempo
de mi tiempo encapsulado, partido, rastreado, en su bólido peregrinaje
tú eres el argonauta inclemente que repinta la escena
y el graffiti perpetuo, sin mecánica partida ni el raye de la nostalgia devorándote.