
Danke, decía el nómada a sus visitantes y miraba el alto Apu
nosotros estábamos escondidos tras el biombo japonés
explorábamos la casa desde la visión de sus tejados y su oculta contraventana
algún fantasma volaba entre las tazas con mate y los encajes de una madre que no estaba
paisaje con dioses antiguos en el marco de aire cuando salía el arcoiris
feroz puma en una placa brillante como una señal
pasillos y jarrones con flores silvestres y más allá las buganvilias floreciendo en el jardín
la amante del nómada no estaba y su olor impregnaba cada espacio de la casa
tú preguntaste si esa no era la corporeidad anhelada con su susurro enamorado
Oh el nómada se iría y ella, la majestuosa se quedaría escribiendo sobre libaciones y guerras
el rito quimérico sería un recuerdo y nosotros los personajes de una secuencia atemporal
un simbólico encuadre sin metafísica para el nómada
el pedazo de una historia que se derrumba
tan sólo alcanzé a decirle en el último instante mientras cogía su caleidoscopio
déjame que te pinte nómada rojo nómada negro
antes de que desaparezcas y te lleves la imagen del Apu cuando llueve y hay sol
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Imagen, de Alejandro Puga.
