Por un instante, pongo a la expresiva actriz de Cold Case* en un paréntesis evocador, especialmente cuando mira tristemente y duerme con su gato. Después llega la mirada angustiada del agente Malone fija en el instante en el que está en su escritorio, ubicuamente lejos de allí.
Malone en Without a trace** trabaja para el FBI. Es responsable hasta rozar la compulsión y sostiene un romance con una joven ayudante, por breve tiempo. Se concentra en cada caso de desaparición con una entrega que su equipo admira y emula. Malone se aproximará a la rubia detective/discípula y la serie así cumplirá ese toque de los dramas con el tópico pasional.
En Cold Case, se indagan por asesinatos realizados hace años, casos en los que no se halló culpables. Así los protagonistas aparecen con la juventud que en el presente es una pálida reminiscencia de lo que fueron. La detective Lilly se enamora y tiene miedo de volcarse a ese estado que la inquieta. Ella es la duda personalizada, el riesgo, la bondad y tiene el distintivo de mujer independiente, paradójica y generosa.
El inspector Morse*** no tiene familia. Tiene humor: es corrosivo a veces y otras se ríe en situaciones que involucran a otros como a él mismo. Es la risa del escéptico, que sale de su individualidad como si tuviera marca registrada.
Morse está canoso por la edad. En la serie habrá un momento en que intentarán relevarlo. No lo lograrán. Él engordará un poco hacia el final de los episodios, no como un gordo burgués si no por ese vientre lleno de cerveza que en su pequeña casa no faltará. E irá a bares con su punto de apoyo, el sargento Lewis. Aquí se da el binomio tan preciado por la temática detectivesca. Lewis será el Watson en un siglo signado por todo lo que no existiera cuando Sherlow Holmes causaba furor.

¿Por qué prefiero al inspector Morse? Porque es descreído y no respeta especialmente las instancias oficiales, lo quenunca lo convierte en un irresponsable con su trabajo . Ama a los clásicos que oye poniendo en sus cassettes durante sus trayectos en el auto rojo que le acompañará en todo ese tiempo. Un jaguar rojo que piloteará episodio por episodio. Cuando está en su casa bebe vino y escucha música: su sentido de la vida está en desentrañar los crímenes y en la música. Su colaborador, el sargento Lewis llega a quererle además de respetarle. Su papel señalado como secundario, no es tal, pues contribuye a redondear en sus conversaciones con Morse, una mirada más vasta de la que tantas serie televisivas se privan en sus carreras marketing a gran escala.
Morse no es un galán ni un borracho perdido, por eso nadie le puede objetar su rol. Morse es puro dínamo sin el sonsonete que clama por ese dulzón glamour. Por eso le prefiero, ya que a su manera funda su propia elegancia, hosca e irreverente.
El tema romántico es tratado en la serie desde una óptica carente de sentimentalismo: hay un dramatismo que encaja en la personalidad del inspector Morse y devela su vulnerabilidad. La soledad irremisible.
Veía esa serie cuando A apenas caminaba, en el televisor nuevo, con mi mate caliente o mi limonada fresca. La serie contaba ya con varios años cuando la conocí. Se ven en ella, tocadiscos, cassettes, autos de los ochentas, y la frialdad inglesa tan bien mostrada. En cada episodio hay diálogos interesantes, y el suspense está fuera de toda recurrencia hollywodense. Ausencia de ritmos trepidantes y sí una mesura engañosa. Hay una desesperación lenta que recuerda a los films franceses de la Nouvelle Vague. El efecto es raro, porque la serie es de sello inglés. Finalmente, ese es un detalle.
Extravié unos apuntes escritos hace años sobre la serie: lo de siempre, las mudanzas fueron el motivo. Sustraían mis cajas plateadas y se llevaban postales, notas, fotos. Seguramente cuando abrieron una de las cajas, y leyeron Inspector Morse, se preguntaron ¿quién diablos era el tal inspector? tal vez creyeron que era amiga de un policía y se asustaron un poco o mucho, como en un rebote fílmico de la serie.
Eran los tiempos en que solía poner un soundtrack del recuerdo y cuando A escuchaba What's up, seguía la candencia musical con pasitos y risas . Mientras que la noche nacía y yo escribía algún apunte irredento.
Una última anotación en este post: Si el inspector Morse es mi detective predilecto, la detective Jane/Helen Mirren es la detective mujer que admiro antes que a cualquier otra. Ni la melancólica y muy bella Lilly y mucho menos cualquier sucedáneo de los ángeles de charlie se aproximan a su fortaleza que rebasa la escena convencional cien por ciento de las series y películas cliché. ¿Se nota que admiro a Helen Mirren? Oh, sé que sí. Escribiré en otro momento, especialmente sobre ella, la de la fortísima mirada azul.
Pensar en actores, es como atrevesar un laberinto. John Thaw, el actor británico que se fuera para siempre el 22 de febrero del 2002, dejó una escuela actoral fundada en su aplomo y extraña majestad. El inspector Morse es la prueba más firme de que la actuación puede convertir a un personaje en un ser querido que alcanza autonomía, como si hubiera existido cuando más necesitábamos creer aún entre las ferocidades de una época maldita con su rancio establisment.
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* Acerca de Cold case
* *Sobre Without a trace
*** El libro en el cual el inspector Morse es el personaje central.