
Cuando escriba sobre mis 20 films, en el remix/cadena (meme niet) diré por qué prefiero a Batman. Que me importe y la ponga sobre otras películas es por enlace afectivo. Por mi niñez con aquellas historietas leídas hasta tarde en el camarote, en ese pabellón parecidísimo al que se ve en La mala educación, el film de Almódovar, que está en una película dentro de la principal - un meta film o un juego almodovoriano- donde discurre la vida escolar del futuro travesti enamorado. Y pienso por asociación en los flaneurs, evocados por Walter Benjamin. Los flaneurs que se han ido y que renacen fulgurantes, fuera del agotamiento y las consignas de cualquier tipo.
Batman se me presenta como un inmenso flaneur.
Sé que es descabellado. Además tenía que citar a WB, porque es él quien escribíó como nadie sobre los paseantes, los flaneurs, después de Baudelaire. La cuestión es que WB (de quien estoy enamorada) se me aparece en una escena de bruma berlinesa, contemplando a Batman y escribiendo una apología del superhéroe gótico.
Una de mis madrugadas más hermosas ha sido ésta, con música de Goethes Erben, Destreza, Tujiko Noriko, Celluloid Mata...y escenas futuristas de Quinto elemento que veía por ratos ya que el film estaba doblado al castellano y no me interesa escuchar nada doblado, contando que por esa película no me agito más que por la cantante de la gran cabeza y la voz preciosa, una especie de androide que aparece en un escenario elegantísimo para después lidiar con las balas que pasan por su lado en un vertiginoso ritmo.
De hecho si me concentro (como suelo hacerlo en busca de prefigurados sueños) veré a Batman.
Y si veo a Walter Benjamin en una tarde de otoño, sabré que escuchar a Tujiko Noriko es más que un episodio efímero en los finales de este extremo invierno.
Musicalmente es natural que te vuelvas indestructible como en una historieta dibujada por ti mismo, es decir, como si supieras dibujar sosteniendo el guión sobre tu cerebro limpio, muy limpio.

