Habían medusas cerca del living en un acuario, esporas, diamantinas piedras y peces dorados. Yo miraba todo girando en esa escena coloreada donde no había nadie. Una libélula entró por la ventana y me entusiasmé con el zumbido, y salté sobre los sillones, llegando al borde del ventanal, cerca del ansioso insecto, percibiendo con todos mis sentidos su vuelo alborotado.
Yo era un gato y amaba los peces. No me los quería comer. Con mi patas abría las ventanas y saltaba por los tejados. Las casas eran naves hechas de chocolate que no se derretían, con puertas y ventanas de batido blanco y verde limón. Quizás alguien afuera lloraba y una guerra estallaba en un punto lejano del planeta. Yo era un gato y olía las confabulaciones y el amor felino con rostro humano.
Debussy era mi banda sonora para darme vueltas.
Salté de los tejados y volví por el camino mojado de lluvia veraniega entre destellos provocados por las luces de los letreros luminosos. Yo era el gato que volvía a su casa a ver medusas y peces, cortinas rojas, adornos de coral y cuadros abstractos hasta que el encuadre se difuminó lentamente y volví a ser esta mujer que te mira largamente cuando duermes.
Para A.