Leo blogs de gente con adeptos lectores. Me pregunto a qué blog soy yo "leal". Me respondo que a varios. Es más, soy una bloguera leal por el efecto mediato de la adicción blogueril.Me encuentro con blogs llenos de elogios. Me encuentro con bitácoras con pocos comentarios. Me gusta leer lo que comentan después de leer un buen relato, un artículo, un ensayo. Hallo comentarios bastantes sencillos. Saludos, bordes de la cotidianidad y ya.
Trato de encontrale el gusto a un blog, porque me he propuesto que me guste. Porque si me gusta estaría cerca de otra gente a la que aprecio. (Qué seco suena "aprecio" y es que no puedo decir más) y me frustro. A parte de encontrar en todo el blog, tres posts que lo arrancan del olvido, me quedo vacía. Así que después de un rato, digamos que ahora, precisamente en este momento, me inquieta una sospecha: si acaso aquellos relatos no son escritos para que el lector se quede vacío. Tal objetivo estaría cumplido con creces.
Los lectores de blogs escribimos. Es decir que no somos únicamente lectores. Algunos escribimos y escribimos porque es lo que nos nace y por eso estamos aquí, autodeditándonos. Escribimos y leemos como pasajeros de una nave que vuela intermitentemente. Eso: la nave es esta esfera enorme en la que estamos, a la que le llaman blogósfera. El viaje está en el acto de escribir y su resonancia viene de las lecturas. De pronto uno siente que la aventura de leer blogs se comprime, se reduce, se fagocita y esta autorevelación a una la coloca en una especie de limbo.
Hay que salir de la nebulosa a como dé lugar, me digo.
Y no me interesa caer al vacío. El extremo lirismo me cansa como la realidad de todos los días. Los detalles domésticos, las radiografías cuarteadas, la compulsiva frotación de los cuerpos. Que te tomes un vaso con cerveza helada en una barra, y nada más, como si tras de ese acto no hubiera nada. Siempre el vacío. La realidad me cansa.
Porque si no hay nada, al escribir la nada desaparece como masa amorfa, puede convertirse en la nada que no te arroja a un vacío sin que te des cuenta que algo pasa. De una manera irredenta.
Así que otras dimensiones con sus sugestiones y rutas inciertas son las que me atraen, donde el instante en que te tomas un vaso con cerveza helada, tiene otro correlato, donde no es que haya una solemnidad disimulada astutamente, sino que hay algo extraño como la vida misma, porque ya lo dije, la realidad me cansa. Se necesita hacer mil pedazos la atonalidad (no, no me quiero hacer la interesante) y el realismo con su aventurado toque surreal de vez en cuando.
Ante nadie me reverencio. ¿Qué puedo hacer? No bajo la cabeza. Al final me río como una posesa. Ni siquiera el vacío me arrebata la risa. Que asome ahora un pájaro por la ventana no es extraordinario. Es nada, es todo. Como estar digitando en el teclado, sin nada en la mirada. El pájaro se va y yo también me voy.
Foto tomada de Google.
