Siguiendo la serie de Flashback en fragmentos.
El fantasma de la Libertad.
Uno de mis films predilectos, sin duda. Hay varias escenas que recuerdo por asociación con lo que pareciera no tener ningún vínculo:
la focalización en un hombre largo, de manos que parecen garfios, rostro huesudo, voz apagada, caminar apresurado
está en el supermercado y aprieta la bolsa que lleva. Es el hombre avestruz musitando algo ininteligible
es la reminiscencia de aquel animal que se paseaba en una escena, por la habitación de la pareja que dormía
ese hombre es un pedazo vivo del film, una pieza del collage mental.
Ha aparecido con su paso rítmico y es también como un fantasma
un fantasma largirucho que enrojece cuando se da cuenta que alguien le mira.
Vi El fantasma de la libertad por primera vez, hace varios años, en medio de la guerra, atravesando el centro de la ciudad antes de llegar a la Filmoteca del Museo de Arte. El ambiente opresivo de los atentados con bombas no nos alejaba del cine. Era verano, porque recuerdo que usaba una camiseta ligera y que Juanita se había puesto su falda de gasa celeste.
Tururum, por nada del mundo nos íbamos a perder el ciclo dedicado a Buñuel. Éramos como dos nenas descubriendo tesoros en movimiento.
En ese panel, al lado de los frascos de miel de abejas, estaba el hombre avestruz , recordándome al ecrán iluminado, su cabeza ( la del hombre avestruz) me traía la cabeza del ave desconcertada en la habitación.
Un momento: flashback.
Le pedían autógrafos al asesino serial al finalizar el juicio. El asesino sonreía como un robot programado para estirar los músculos. El fantasma de la libertad se paseaba entre las balas que el hombre había disparado a plena luz del día.
El francotirador iba a morir.
El hombre avestruz se va y yo veo a la mujer con lentes oscuros amada por el chico que es su sobrino. Ella de negro (¿estaba de negro? la recuerdo dark, adusta, asustada, anhelante) y él, ansioso entrando a la habitación de ese pequeño hotel.
El fantasma de la libertad era el ángel del deseo.
Oh, dioses traviesos, cómo recuerdo a los curas jugando cartas y al sadomasoquista con sus nalgas descubiertas clamando por más azotes a la diva gore, vestida con cuero negro, la de la mirada dura y delirante.
El fantasma de la libertad era la sombra de los que serían fusilados y allí estaba Luis Buñuel con ropa de monje frente a ese pelotón:
¡disparen! gritaba un soldado.
¿Amas el cine? dime, dime, ¿lo amas?
Si aún no has visto El fantasma de la Libertad, busca el film: vamos, si solamente te gusta el cine, quizás con esta película, llegues a amarlo.
Draaaaaamm.
¿Suena patético hablar de amor en estos tiempos de horrores? es que el mundo no es totalmente espantoso, la idea del amor se materializa y es indestructible en las exploraciones, donde la frescura lanza al piso a la opacidad.
No soy optimista ni fatalista. Ustedes ¿ qué se sienten?
¿El hombre avestruz habrá visto El fantasma de la Libertad? Quién sabe.
*
Amoroso androide mirando en su monitor portátil, El fantasma de la Libertad
siglo XXIII, extinción del cerebro bola de neuronas quemadas
la película no ha envejecido.
Tú estás en tu butaca mirando al avestruz y el tiempo es eso, como un animal desconcertado, es el paso de un bólido o es el propio bólido, mientras que como el avestruz, cierto temor se desvanece y sólo quedan sonidos interiores, y ¿sabes? eso también es la belleza.
*
Para el espíritu del film, tengo una canción que es mi sonido interior. Si quieres puede ser también el tuyo, con tu personal cinemascope mental.
Y es porque se me han atravesado las ganas de soñar con avestruces y curas, con la musa bebé y con ciudades dormidas. Quiero soñar con el fantasma de la libertad.
El fantasma de la Libertad.
Uno de mis films predilectos, sin duda. Hay varias escenas que recuerdo por asociación con lo que pareciera no tener ningún vínculo:
la focalización en un hombre largo, de manos que parecen garfios, rostro huesudo, voz apagada, caminar apresurado
está en el supermercado y aprieta la bolsa que lleva. Es el hombre avestruz musitando algo ininteligible
es la reminiscencia de aquel animal que se paseaba en una escena, por la habitación de la pareja que dormía
ese hombre es un pedazo vivo del film, una pieza del collage mental.
Ha aparecido con su paso rítmico y es también como un fantasma
un fantasma largirucho que enrojece cuando se da cuenta que alguien le mira.
Vi El fantasma de la libertad por primera vez, hace varios años, en medio de la guerra, atravesando el centro de la ciudad antes de llegar a la Filmoteca del Museo de Arte. El ambiente opresivo de los atentados con bombas no nos alejaba del cine. Era verano, porque recuerdo que usaba una camiseta ligera y que Juanita se había puesto su falda de gasa celeste.
Tururum, por nada del mundo nos íbamos a perder el ciclo dedicado a Buñuel. Éramos como dos nenas descubriendo tesoros en movimiento.
En ese panel, al lado de los frascos de miel de abejas, estaba el hombre avestruz , recordándome al ecrán iluminado, su cabeza ( la del hombre avestruz) me traía la cabeza del ave desconcertada en la habitación.
Un momento: flashback.
Le pedían autógrafos al asesino serial al finalizar el juicio. El asesino sonreía como un robot programado para estirar los músculos. El fantasma de la libertad se paseaba entre las balas que el hombre había disparado a plena luz del día.
El francotirador iba a morir.
El hombre avestruz se va y yo veo a la mujer con lentes oscuros amada por el chico que es su sobrino. Ella de negro (¿estaba de negro? la recuerdo dark, adusta, asustada, anhelante) y él, ansioso entrando a la habitación de ese pequeño hotel.
El fantasma de la libertad era el ángel del deseo.
Oh, dioses traviesos, cómo recuerdo a los curas jugando cartas y al sadomasoquista con sus nalgas descubiertas clamando por más azotes a la diva gore, vestida con cuero negro, la de la mirada dura y delirante.
El fantasma de la libertad era la sombra de los que serían fusilados y allí estaba Luis Buñuel con ropa de monje frente a ese pelotón:
¡disparen! gritaba un soldado.
¿Amas el cine? dime, dime, ¿lo amas?
Si aún no has visto El fantasma de la Libertad, busca el film: vamos, si solamente te gusta el cine, quizás con esta película, llegues a amarlo.
Draaaaaamm.
¿Suena patético hablar de amor en estos tiempos de horrores? es que el mundo no es totalmente espantoso, la idea del amor se materializa y es indestructible en las exploraciones, donde la frescura lanza al piso a la opacidad.
No soy optimista ni fatalista. Ustedes ¿ qué se sienten?
¿El hombre avestruz habrá visto El fantasma de la Libertad? Quién sabe.
*
Amoroso androide mirando en su monitor portátil, El fantasma de la Libertad
siglo XXIII, extinción del cerebro bola de neuronas quemadas
la película no ha envejecido.
Tú estás en tu butaca mirando al avestruz y el tiempo es eso, como un animal desconcertado, es el paso de un bólido o es el propio bólido, mientras que como el avestruz, cierto temor se desvanece y sólo quedan sonidos interiores, y ¿sabes? eso también es la belleza.
*
Para el espíritu del film, tengo una canción que es mi sonido interior. Si quieres puede ser también el tuyo, con tu personal cinemascope mental.
Y es porque se me han atravesado las ganas de soñar con avestruces y curas, con la musa bebé y con ciudades dormidas. Quiero soñar con el fantasma de la libertad.
Draaaaaaamm.
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