En estos días pensaba en los blogs/enlaces de trapecio rojo. Recordé también los lugares a los que iba a comentar algunas veces.
Es lo que extraño de t r, algunas voces que ya no están por aquí.
Tampoco se trata de presionar a nadie, pidiendo que lleguen aquí a comentar alguna vez. Por eso reparo en el comentario de J Enma acerca de lo que ella ha llamado "mentes convencionales".
De ninguna manera creo -es que estas líneas que siguen, se me fueron comentarlas en mi respuesta, así que las escribo en este post- que necesariamente quien no tenga interés por lo que escribo, tenga una "mente convencional".
Es cuestión de miradas, tal vez. No tengo certezas sobre ello.
Recuerdo que fui a ciertos blogs que me interesaron, y no me contestaban ni venían a trapecio rojo. Confieso que me entristecí y pensé que lo que escribo al ser en algunos posts, como bosquejos, puede desagradar al que lee. El silencio era una manera de expresar que no les interesaba un contacto con t r y por ello, conmigo.
Hay blogs, especialmente que seguía y que no he dejado de seguir. A veces los olvido, mas de pronto aparecen en mi mente y plaaaf, voy a leerlos, en diferentes momentos y estados de ánimo.
Después me río, le quito importancia al hecho y luego me retracto, porque me doy cuenta que estoy banalizando algo que no me es indiferente. He aquí el punto: ¿cómo puedo llegar a ser indiferente con algo que me toca? No es una cuestión de orgullo, en la que me siento afectada como en una novela rosa. Niet, es diferente. Es una valoración que tengo por aquellos blogs y sus autores.
Me digo, que me alegraría ser correspondida con alguna palabra sinceramente amable. Después me digo, que algunas personas son tajantes: si alguien o algo no les gusta, lo evitan y siguen sus caminos. Así que sabiendo que lo que escribo no tiene que interesar a todos, me mueve que no interese a quienes me resultaron desde la primera vez que leí sus textos, los escritores en este mundo de bitácoras.
¿Les parece extraño o es que piensan que estoy haciéndome una gran bolita bolaza con esta inquietud mía?
Vuelvo al punto de la indiferencia: ¿cómo sentirla en estas circunstancias?. Para ser indiferente ante algo, es porque ese algo no te interesa, ni te repele siquiera. Es como si no existiera, y vaya, eso no me sucede.
Lo que se debe hacer es tomar distancia,
lo subrayo mentalmente
disociarse de lo que contenga afectividad y leer al texto como lo que decía en el otro post: leerlo como a un ente vivo. El post/ente que tiene vida propia, aparte de las intenciones de su autora o autor. El post/ente es el que no me deja indiferente.
Mi maquínica está lubricada. Comprendo que desmenuzando la reflexión, recompongo la inquietud y la lanzo al piso en un jac tac impreciso. Creo que paulatinamente, como en una filmación con cámara lenta, interiorizaré esa actitud sin complicarme más.
Los que escribimos en blogs no somos seres invisibles. Etéreos sí, con un esqueleto, piel y sentidos que contradicen la abstracción: la fantástica condición del autor de un blog no le priva de ir a desfogarse orgánicamente. Somos mortales. Ja, tan simple.
Sería efectista si creo que el happy end está asegurado. Es que no hay happy end. Lo que creo es que solamente hay impulso, circunstancia, acto, carne, alma.
El drama se resbala entre cortinas de palabras, como en un escenario difuso que se va aclarando poco a poco. Como sucede después de una lluvia de verano, en un día extrañamente gris.
Silbo bajito, miro ese pastelillo, me llevo a los labios el vaso con limonada helada.
Nada, sigo y escucho un sonido que viene desde las escaleras. No es el fantasma de Canterville
ni el anciano voyeur, es A con su tablero de ajedrez y sus cuadernos. La vida sigue y voy a ver el corto final de David Lynch.
*
Les muestro este texto : un intento, un bosquejo, una estación en la zona quest.
Chao.
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Personaje questiano
Lugar: la zona quest
Personaje: salido de un cómic oculto en la mente de R.
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Había que entrar a la zona, con los sentidos ejercitados. Habían cuadros de Dalí, convertidos en planos naturales, los pensamientos tenían voz y los olores, los inventaban los visitantes.
Yo no soy un visitante. Vivo en la zona. Tengo mi casa transparente en un lugar al que sólo llegan los que cruzan el umbral X, ubicado entre el océano de las palabras y la ciudad imaginaria de las preguntas.
Soy andrógino, tengo alas negras que son placas ligeras, a las que guardo cuando me place. Porque a veces me canso de volar y me desprendo de ellas, para caminar por los campos de girasoles que Van Gogh pintó.
Me entero de lo que pasa en el mundo y salgo de la zona, para viajar en el cuerpo de R.
Soy un ser sensato e insensato. No me gusta pisar tierra con frecuencia, y detesto las expresiones extáticas, esos galanteos persistentes que he visto en las calles, en medio de la violencia y la parsimonia de las gentes que odiando sus rutinas, se dejan asfixiar por ellas. No hablo de ti pequeña mariposa, que te desvelas en las noches y abres la puerta de mi casa, trayendo alguna sorpresa. Otras veces me sacudes y salimos juntos por la ciudad dormida.
Soy inmaterial y tan terrenal como tú que te tocas la mejilla y bebes agua helada en pleno invierno. O como tú que sueñas con tu extraña musa en los días del desarraigo y la locura. Y luego te lanzas a laberínticas expediciones del horror. Siempre con una risa de loco y con una tristeza de dandy perdido.
O como tú, negada para las jornadas pragmáticas del comercio y la usura, muchacha musical.
Bah, planos cortados, interrupciones frente a los espejos, inodoros relucientes, puentes largos, dextrosa en el frasco para el moribundo, coitos a la luz de la luna y al borde de los infiernos. Nunca hay cielo ni destino angélico
Soy el defenestrado que cayó de un balcón en Praga. Soy Samsa vagando sin la mirada de Kafka, metamorfoseado en un proceso maquínico misterioso y tengo soundtracks en la cabeza que emergen de mis orejas, convirtiéndose en líquido para que
moje tu rostro en la noche cuando escuchas mi voz que te llama.
En esa mancha móvil que temes y eludes, allí estoy.