- ¿Te pintas unos mechones rojos? ¿por qué?
- Porque ha llegado Alice in Chains y quiero estar distinta.
- Pues ni tanto porque eres la flaca de siempre con el pelo desordenado y el gesto raro.
- Así me adoras, y el detalle de los mechones es por darme un gusto alejado de tu gótica obsesiva.
- Bueno, diantres, sería capaz de comerme tus ojos en un relato. Eso. Y que Alice in Chains sea el pretexto para destruir los anaqueles de la concuspicencia barata.
- Te pusiste retórico. Mejor vamos a comprar las entradas para el Concierto y después escalamos el Everest.
- Exactamente lo que pensaba. El Everest y esos piolines locos saldrán de sus escondrijos a mirarnos.
- Estás desvariando y te ves sencillamente único. Es hora de la escalada.
- Alice in Chains de fondo con patines rojos en la consola y cerveza helada.
- ¿Quién dijo que todo es mentira? Jünger no, ni Sloterdijk. Vámonos.
