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17/07/2007

Ha llegado Alice in Chains

- ¿Te pintas unos mechones rojos? ¿por qué?

- Porque ha llegado Alice in Chains y quiero estar distinta.

- Pues ni tanto porque eres la flaca de siempre con el pelo desordenado y el gesto raro.

- Así me adoras, y el detalle de los mechones es por darme un gusto alejado de tu gótica obsesiva.

- Bueno, diantres, sería capaz de comerme tus ojos en un relato. Eso. Y que Alice in Chains sea el pretexto para destruir los anaqueles de la concuspicencia barata.

- Te pusiste retórico. Mejor vamos a comprar las entradas para el Concierto y después escalamos el Everest.

- Exactamente lo que pensaba. El Everest y esos piolines locos saldrán de sus escondrijos a mirarnos.

- Estás desvariando y te ves sencillamente único. Es hora de la escalada.

- Alice in Chains de fondo con patines rojos en la consola y cerveza helada.

- ¿Quién dijo que todo es mentira? Jünger no, ni Sloterdijk. Vámonos.

22/03/2007

De saltos en las glorietas

- Ella tiene los ojos saltones y por lo demás se parece a esa actriz que traía locos a los chicos del gimnasio ¿recuerdas?, la del bombín en días de fiesta y terciopelo azul en las noches. Ah, pues ella es la que levanta su dedo acusador y dice que no, que te peines bien, que tomes tu naranjada, que no levantes la voz y por los dioses enloquecidos, que no saltes.


(Tono enfático del muchacho que lleva los jeans mejor puestos en toda la periferia)



- Te contesto, te haces el olvidadizo. Ella era mi locura, el centro de mis pinturas, la divagación de mis guiones para la nave de los locos. No la menciones. Me trae olor a caquita mezclado a una vileza muy básica.

(El chico que ha hablado tiene la cara de un divo posmoderno con polo negro, y unas bermudas también negras. Su rostro es, digamos, indescriptible. Puro lirismo.)

- Tendríamos que saltar por las glorietas, explorar la ciudad como antes, sólo que más a fondo, ir a los antros de los chiquillos violentos y dejarnos de delicadezas. Los snobs genuinos no piensan en ensuciarse ni en sudar como obreros de la Kommirten.

(Pausa: el muchacho se quedó mirando el cielo nublado y se rió)

No quiero ser un patancito más.

- Si no mencionas más a la traveliana estelada, nos vamos al centro de la jungla urbana, Déjate de ningramaturas que no he amanecido hoy con una especial paciencia.


- Ja, ni que fuera la ciudad de Blade Runner, por la que el silencio era lo mejor cuando los replicantes venían a matar. Estoy loco, loco por saltar. Es decir que no soy como un elefante, y quiero asesinar la idea idiota, quiero saltar.


- Ni que fuera tabú. Vamos, salta.


- Tabú, eso. Mejor.