mi querido viajero del espacio sideral, estoy en casa frente a una ensalada de espárragos y al sentir el olor del limón fresco que gotea sobre el plato, una sensación de exilio me toca.
(ríete, asocio la carnosidad de los frutos verdes a tu piel . lo sabes)
recuerdo tus palabras acerca de la existencia, de las expresiones mil veces repetidas por tantos mortales. mas nosotros hace tiempo que nos comunicábamos con otros códigos sin los recursos fáciles de las dulzuras que tanto seducen a los seres extraviados en el deleite insistente, en esa especie de nácar inventado para que brille y enceguezca.
miro mis uñas cortadas y las líneas de mi mano: una luciérnaga se ha muerto hoy y mis dedos la acariciaron. te recordé e intenté que tus ojos no aparecieran sobre el cuerpo de la luciérnaga aún caliente, aún bella. luego pensé en la inutilidad de la belleza, y me reí. no importa, si no somos utilitarios, si no somos perpetradores de una estética ebria, si la belleza es como un arlequín triste o una mujer desnuda que mira melancólicamente el cadáver del hombre que amó. en fin, mi querido viajero, todas son divagaciones del deseo consumido o del deseo trastornado. la alteración de mi sistema sanguíneo me mata un poco. ¿terminaré de morir cuando tu nave se aproxime?
no lo sé
no lo sé
la literatura corrompe a los soberbios, por eso busco algo distinto y querría que vuelvas ahora, sin dilaciones, con tus apuntes escritos en el tiempo luxe, mirando por la escotilla a los astros tan parecidos a animales brillantes, elefantiásicos, inanes, perdurablemente vanos.
ah mi querido viajero, sin ave fénix ni bestiario que te acompañe, solitario en la nave del olvido, como aquella perra que moriría en el espacio, experimento científico con su guadaña mecánica, sus ecuaciones y maquinarias. solitario como los satélites del planeta, tú eres un mundo en mi mundo, una mezcla de sonidos materiales, un iceberg imaginario.
perdóname, mis palabras son redundancias de una orgía mental. desnudez demudada, catatonia del amor, con mi cuerpo te escribo, porque mi cuerpo es el espejo del tuyo, una invención que poco a poco se hizo y que nadie ha destruido ni por la seducción de las mentiras. ¿ves? yo bailaba en tu honor y tú soñabas con ciudades silenciosas, yo cantaba para ti y tú apenas sentías algo puro entrando a tu mente, a tu sangre, a tu sexo.
tú te preservas como un actor que no envejece, porque murió como river phoenix, cuando dejaba de ser un niño, tú viajas sobre mí y me entregas signos por develar. tú, siempre.
lo pienso, te pienso y desmembro mi inquietud sobre las baldosas frías y las puertas, atravieso el umbral de los locos, porque no soy loca, soy la amante abstracta que se desdibuja en el tiempo, en la carne atacada por las palabras, en los líquidos que salen del cuerpo iluminado en instantes que mueren cuando escribo esta carta.
miro mis uñas cortadas y las líneas de mi mano: una luciérnaga se ha muerto hoy y mis dedos la acariciaron. te recordé e intenté que tus ojos no aparecieran sobre el cuerpo de la luciérnaga aún caliente, aún bella. luego pensé en la inutilidad de la belleza, y me reí. no importa, si no somos utilitarios, si no somos perpetradores de una estética ebria, si la belleza es como un arlequín triste o una mujer desnuda que mira melancólicamente el cadáver del hombre que amó. en fin, mi querido viajero, todas son divagaciones del deseo consumido o del deseo trastornado. la alteración de mi sistema sanguíneo me mata un poco. ¿terminaré de morir cuando tu nave se aproxime?
no lo sé
no lo sé
la literatura corrompe a los soberbios, por eso busco algo distinto y querría que vuelvas ahora, sin dilaciones, con tus apuntes escritos en el tiempo luxe, mirando por la escotilla a los astros tan parecidos a animales brillantes, elefantiásicos, inanes, perdurablemente vanos.
ah mi querido viajero, sin ave fénix ni bestiario que te acompañe, solitario en la nave del olvido, como aquella perra que moriría en el espacio, experimento científico con su guadaña mecánica, sus ecuaciones y maquinarias. solitario como los satélites del planeta, tú eres un mundo en mi mundo, una mezcla de sonidos materiales, un iceberg imaginario.
perdóname, mis palabras son redundancias de una orgía mental. desnudez demudada, catatonia del amor, con mi cuerpo te escribo, porque mi cuerpo es el espejo del tuyo, una invención que poco a poco se hizo y que nadie ha destruido ni por la seducción de las mentiras. ¿ves? yo bailaba en tu honor y tú soñabas con ciudades silenciosas, yo cantaba para ti y tú apenas sentías algo puro entrando a tu mente, a tu sangre, a tu sexo.
tú te preservas como un actor que no envejece, porque murió como river phoenix, cuando dejaba de ser un niño, tú viajas sobre mí y me entregas signos por develar. tú, siempre.
lo pienso, te pienso y desmembro mi inquietud sobre las baldosas frías y las puertas, atravieso el umbral de los locos, porque no soy loca, soy la amante abstracta que se desdibuja en el tiempo, en la carne atacada por las palabras, en los líquidos que salen del cuerpo iluminado en instantes que mueren cuando escribo esta carta.
